Lo que yo no quiero es ser eterna

Estuve pensando en el pasado. No en el pasado en sí, no en los recuerdos... yo pensaba, más bien, en todo lo que hubo en mi vida que se fue marchando poco a poco. Hay cosas que se escapan tan despacio que no te da tiempo a enterarte. Hay cosas que se van de golpe, de un portazo... y te dejan con cara de sorpresa y los ojos clavados en una puerta que no volverá a abrirse. Al menos no la abrirá esa mano, ya no más.

Hubo gente que fue importante para mí. Hubo gente que fue risas y fue sueños. Hubo gente a la que le hice alguna que otra promesa. Y ellos me prometieron a mí. Que estarían siempre, que no se irían... que tendríamos mil días más para compartir secretos. Y yo les creí y sé que ellos me creyeron a mí porque, entonces, era verdad. Entonces no era solo una promesa: era una certeza, la fe ciega que yo tenía en nosotros, en nosotras... mi absoluta convicción.

Luego pasó el tiempo. Pasaron los años o, quizás, solo pasaron las cosas... y las intenciones se fueron agotando. La fe ya no era tan ciega y los recuerdos eran cada vez más tristes. Había días de lluvia en los que me sentaba frente a la ventana en pensar como pasaba la vida: como gotas sobre el cristal, unas llegan hasta el final y otras se van agotando a la mitad.

Comprendí entonces que nada era eterno. Que la verdad del hoy podría ser la mentira del mañana... y que cualquier mano, sobre el fuego, termina por quemarse.

Ahora prefiero no hacer promesas aunque, sin poder evitarlo, siempre se me escapa alguna... son más bien deseos, ganas... son más bien sueños que tengo y que no quieren quedarse atrapados en mi garganta. He aprendido a vivir con los recuerdos, a no borrarlos, a comprenderlos... ahora sé que ellos no son culpables del paso del tiempo, de la distancia o de los silencios. Ahora sé que esas personas que ya no están, estuvieron. Y no hay odio ni rencor, no hay rabia, no hay pena... solo hay un ayer y un ahora. En el ayer quedan sus sonrísas, su compañía, aquellas promesas que hicimos con total certeza... en el ahora queda la indiferencia, las miradas que se esquivan y las ganas que tenemos, a veces, de volver a ser completos desconocidos para no tener que mirarnos a los ojos sabiendo todo lo que un día fuimos.

8 pensamientos:

I. Nikolayevich dijo...
9 de noviembre de 2009 10:59

Me gusta que sean sueños y no promesas. A las promesas las coacciona el tiempo. Tu texto. Lo leo una vez. Lo leo dos veces. Me vienen recuerdos. Dispersos pero inmóviles en el aire, igual que las ideas, invisibles y sin camino de vuelta. Allí están tus certezas, en algún lugar del tiempo. Sin preguntarse nada. Naturales. Primitivas. Donde hasta lo bueno es malo. Las sorepasamos y se quedan allí, esperando el viaje que las lleva hasta nosotros, ahora, convertidas en recuerdos. En tristezas. Cuando éramos reyes y todo eso...


me ha gustado. pienso en lo relativo. en la relación entre el tequiero y la certeza...

*Sechat* dijo...
10 de noviembre de 2009 7:28

Consigues que uno suspire al final de cada uno de tus textos y que mientras lo va leyendo asienta, se emocione hasta las lágrimas y sobre todo que suspire. Todo eso has conseguido una vez más con tus sueños y promesas de este texto. No puedo decirte más, porque ya te comentado lo mucho que me ha hecho sentir. Un abrazo.

Shamrock. dijo...
9 de noviembre de 2009 17:55

Precioso blog :)
http://littlecarrousel.blogspot.com/

Staywithme dijo...
9 de noviembre de 2009 17:02

A veces desearíamos tan sólo por unas horas tener a esas personas que hoy se ausentan...
y cuando el efecto pasa, siempre nos cuestionaremos cómo hiubiese sido si las cosas hubiesen ocurrido diferente...

Interesantes líneas...
Cuidate, Sara

Dara Scully dijo...
10 de noviembre de 2009 7:45

Muchas veces la causa de todo son las cosas que pasan y no los años que transcurren. Pero los recuerdos son el pasado, y no sirve de nada guardarle rencor a algo que no puede cambiarse.


miau
de
caramelo
de
fresa

Marta Simonet dijo...
11 de noviembre de 2009 3:50

Pensar en el pasado,si no es reciclable,es ensuciar el presente.



MUA de contenedor para cristales

Carlos dijo...
11 de noviembre de 2009 14:09

Es que no se puede expresar mejor, escribir mejor, reflejar mejor ese estadio, esa tierra de nadie donde habita la realidad escondida.
Esa espacio en el que la rabia que aprieta la entrañas converge con la nada, la calma de un nuevo comienzo. Y se cierra ese resquicio por donde se perdía energía y tiempo inutilmente.
Si fuera piedra no me emocionaría.

Genial, una vez mas.

Un abrazo!

Hollie A. Deschanel dijo...
12 de noviembre de 2009 13:47

El pasado hay que dejarlo atrás.

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